Si hay algo que tengo claro como escritora, es que no concibo la vida sin amor, pero tampoco sin humor. Porque el amor es maravilloso, sí, pero también es torpe, impredecible y, muchas veces, ridículamente divertido. Y eso es justo lo que intento plasmar en mis novelas: historias donde el romance es el motor, pero donde los diálogos chispeantes, las situaciones inesperadas y los momentos cómicos hacen que todo sea más real.
Romance con risas: así entiendo el amor
Cuando pienso en las historias de amor que más me han marcado, nunca son solo las épicas, las dramáticas, las de almas atormentadas que se encuentran y se pierden. Son las historias donde los personajes se enamoran mientras se ríen, donde la conexión no surge de la perfección, sino de los pequeños desastres que la vida pone en el camino.
Y eso es justo lo que me gusta escribir.
Mis protagonistas sienten mariposas en el estómago, sí, pero también pasan vergüenza, meten la pata, interpretan mal señales, se obsesionan con conversaciones que no llevan a ninguna parte y se ríen de sí mismos. Porque el amor no es solo pasión y drama. También es esa risa tonta que se te escapa cuando la persona que te gusta dice una tontería. Es compartir anécdotas absurdas. Es mirarse después de un malentendido y terminar riéndose porque, al final, todo es mucho más simple de lo que parecía.
El humor como parte de la vida y de mis novelas
Si tuviera que definir mi estilo, diría que es fresco, ágil y sin excesos de azúcar. No me gusta lo empalagoso, pero sí lo real. Y lo real es que nadie se enamora en un ambiente perfectamente iluminado, con el viento soplando en la dirección correcta y una banda sonora celestial de fondo. Lo real es que, en medio de una declaración de amor, te puede sonar el estómago de hambre, o puedes pisar mal y tropezarte.
Mis historias pueden hacer que suspiren, pero también quiero que hagan sonreír. Que mis lectores se encuentren riendo con un diálogo absurdo entre amigas, con un pensamiento ridículo de la protagonista o con un momento incómodo que podría pasarle a cualquiera.
Porque así es la vida: impredecible, absurda a veces, pero siempre llena de amor en formas inesperadas.
¿En qué me inspiro para escribir?
Si algo tienen mis historias es que están llenas de detalles sacados de la vida real. Algunas anécdotas me han pasado a mí, otras las he vivido a través de amigas, y muchas son retazos de conversaciones que he escuchado y que se han quedado grabadas en mi cabeza.
Mis personajes no nacen de la nada. A veces surgen de personas reales, aunque acaben convirtiéndose en algo totalmente diferente en el papel. Un comentario en una cena, una confesión a las tres de la madrugada, una mirada que alguien me contó que nunca olvidé… Todo eso va alimentando mis historias.

Me inspiro en mis propias experiencias: el primer amor, los errores que he cometido, las veces que me he tragado mis propias palabras después de decir «yo nunca haría eso»… En las historias de mis amigas: conversaciones en las que me han contado anécdotas tan surrealistas que parecen sacadas de una novela. Porque la realidad, muchas veces, supera a la ficción. También en situaciones cotidianas: ese instante incómodo cuando dos personas se gustan pero ninguno se atreve a dar el paso, la torpeza de los primeros días de una relación, el orgullo absurdo que nos hace actuar como si no nos importara cuando en realidad nos morimos por dentro. Y, como no, en el cine y los libros: aunque mis historias tienen mi sello personal, no puedo negar que películas como Antes del amanecer o novelas que juegan con el humor y la emoción han dejado huella en mí.
Al final, escribo sobre lo que conozco, sobre lo que siento y sobre lo que he visto. Y lo más curioso es que, aunque mis novelas sean ficción, siempre hay un trocito de verdad en ellas.
Lo que busco al escribir con mis novelas
No quiero escribir romances inalcanzables ni historias donde todo encaja perfectamente desde el primer momento. Me gusta escribir sobre el amor que se construye en el caos del día a día, sobre personajes que cometen errores, que no siempre saben lo que quieren, pero que, al final, encuentran su propio camino.
Quiero que mis novelas sean un refugio para quienes buscan historias que no solo les hagan sentir, sino también reír. Que los diálogos se sientan naturales, que las situaciones sean creíbles, que los personajes sean de esos que te dan ganas de llamar para contarles cómo te ha ido el día.
Y si al cerrar el libro, alguien piensa: «ojalá pudiera tomarme un café con estos personajes», entonces habré conseguido lo que quería.
Porque el amor es increíble, pero si además te hace reír… entonces es inolvidable.
