Hay relatos que nacen pequeñitos, casi como una travesura: una idea rápida, una escena que te hace gracia, un “¿y si…?” escrito en una nota del móvil.
Y luego están esos relatos que, sin pedir permiso, se te instalan en la cabeza como un villancico pegadizo… pero de los buenos.
“Navidad en chanclas” es exactamente eso: un microrrelato que escribí con la intención de crear algo ligero, divertido y romántico, y que, sin esperarlo, ha empezado a generar una reacción que me tiene con una mezcla de ilusión y pánico: me está llegando que gusta bastante. De esos “me lo he leído de una sentada”, “qué frescura” y, mi favorito:
“¿Pero… esto sigue, no?”
Seleccionado para “Cuentos de invierno”: lo que significa para mí (y por qué me hace especial ilusión)
Que “Navidad en chanclas” haya sido seleccionado para incluirse en la antología “Cuentos de invierno”, organizada por el perfil de Instagram @diario.de.una.estrella, no es solo una noticia bonita. Para mí tiene un valor especial por varias razones.
Primero, porque estas iniciativas no son un simple “vamos a juntar relatos”. Son un recordatorio de algo muy poderoso: la lectura (y la escritura) no van solo de publicar, van de comunidad.
Segundo, porque cuando un texto entra en una antología así, se enfrenta a un público que no necesariamente te conoce. Y eso, para una autora, es como sacar a tu criatura al mundo sin chaqueta: o conecta, o no conecta. Y saber que ha conectado… es un subidón del bueno.
Tercero, porque “Cuentos de invierno” es el tipo de proyecto que te apetece apoyar: historias para leer en estas fechas, con esa mezcla de melancolía, calorcito y ganas de creer en cosas bonitas (aunque sea por un rato).
En resumen: estoy feliz. Y sí, me hace ilusión decirlo sin hacerme la interesante.
¿De qué va “Navidad en chanclas”? (Sinopsis ampliada, pero sin destripar)
Este microrrelato parte de una idea que me encanta: la Navidad no siempre llega como la imaginamos.
A veces llega con planes torcidos, decisiones impulsivas, un cambio de escenario inesperado, y esa sensación de “¿quién soy yo y por qué estoy haciendo esto?”
“Navidad en chanclas” es una romcom navideña que juega con el contraste: lo navideño no como postal perfecta, sino como un momento real… con su caos, su improvisación y su magia.
De esa magia que aparece cuando bajas la guardia y dejas de intentar controlar la vida.
La historia tiene humor (del que nace de situaciones absurdas pero muy humanas), tensión romántica (de la que se cuece a fuego lento y te deja queriendo más), y un ambiente que mezcla lo navideño con un punto “fuera de lugar” que, precisamente, es lo que le da el encanto.
Porque sí: aquí la Navidad se vive… pero no necesariamente con abrigo, chimenea y nieve.
A veces se vive con chanclas. Y de repente entiendes que el invierno también puede ser cálido si estás en el sitio correcto… o con la persona equivocada (o peligrosamente correcta).
Lo que me está llegando: por qué me importa tanto (y qué significa como autora)
Cuando escribes, sueñas con muchas cosas: que te lean, que te entiendan, que conecten contigo. Pero hay un tipo de feedback que te toca especialmente: el que te dice que tu historia no solo entretiene, sino que se queda.
Y eso es lo que me está llegando con “Navidades en chanclas”.
- Gente que me dice que es fresco, que se lee con una sonrisa.
- Personas que se han quedado con esa sensación preciosa de “me ha dado algo” (aunque sea una risa).
- Y lectoras que han sentido esa punzadita de “quiero más, necesito saber”.
No hay nada más bonito que notar que un texto ha cumplido su misión: hacer sentir algo.
Aunque sea un “ay” pequeñito. Aunque sea una carcajada. Aunque sea un “madre mía, esto me recuerda a…”.
Y cuando eso pasa con un microrrelato, pasa algo peligroso: empiezas a pensar que quizá no era tan micro como tú creías.
El final abierto: cuando un relato te pide una vida más larga
Aquí viene el punto clave: el final de “Navidad en chanclas” ha quedado abierto.
Pero no “abierto” en plan pereza de cerrar. Abierto en plan: esto es una puerta. Y una puerta abierta en literatura es como una bolsa de patatas abierta en Navidad: tú puedes fingir que no la ves, pero te llama por tu nombre.
Un final abierto tiene algo muy especial: hace que la historia siga ocurriendo en la cabeza de quien lee. Y cuando varias lectoras te dicen lo mismo (con palabras diferentes, pero con la misma energía): “esto no puede terminar aquí”, entonces empiezas a considerar lo obvio: ¿y si esto es el germen de una novela?
Porque en una novela podría explorar qué pasa después (obviamente), qué heridas traen esos personajes, qué los une más allá de la química, y cómo se transforma una historia que empezó como algo casual en algo que te cambia.
Todavía no digo “sí, voy a escribirla”. Pero tampoco digo “no”. Digamos que estoy en ese punto peligroso en el que la idea ya tiene voz propia y me manda indirectas.
Cómo conseguirlo gratis: te lo mando (y te lo pongo fácil)
Si te apetece leer “Navidad en chanclas” gratis, puedes leerlo de dos formas:
- Puedes leerlo descargándote la antología «Cuentos de invierno» (para ello necesitarás tener un lector epub)
- Te lo envío encantada. Escríbeme un email a ale@alejandraferrara.com con el asunto «Navidad en chanclas» y te lo mando encantada.
Eso sí, si decides descargarte la antología, te pediría el favor de, si mi historia es la que más te ha gustado, la votes. Es tan fácil como entrar en la web para realizar tu voto. No te llevará más de 10 segundos.
Y si lo lees… quiero saber esto (porque soy cotilla profesional)
Cuando lo leas, dime una de estas tres cosas:
- ¿En qué momento te reíste?
- ¿En qué momento dijiste “uy uy uy”?
- ¿En qué momento te quedaste mirando al vacío pensando: “¿en serio lo dejas ahí?”
Porque si un microrrelato consigue eso… igual es que no era un microrrelato.
Igual era una novela disfrazada de relato corto para colarse en la fiesta.
Conclusión
Gracias por leerme, por estar aquí y por darle espacio a mis historias.
Y gracias, sobre todo, por hacer que algo que nació como una idea pequeña haya encontrado su lugar en el invierno de otras personas.
Con cariño,
Alejandra Ferrara
¡Felices fiestas!
