Si llevas tiempo leyendo mis novelas, tal vez ya te hayas dado cuenta de un detalle curioso que se ha convertido casi en mi sello personal: todas mis protagonistas femeninas tienen nombres que empiezan por la letra S. Desde Sofía, la inolvidable protagonista de la Trilogía Mariposas; pasando por Sira, la fotógrafa con la vida patas arriba en Pies para qué os quiero; hasta Salma, la voz que late al otro lado del auricular en Al otro lado del teléfono. Y si pensabas que se terminaba aquí… ¡te equivocas! En mis nuevas novelas ya asoman Sara y Silvia, listas para vivir historias que os emocionarán.
¿Por qué repetir la inicial?
¿Tiene esto un nombre? ¿Es solo una manía de autora? Lo cierto es que no existe un término literario oficial que defina la costumbre de un autor o autora de elegir nombres que compartan una letra inicial. Es más bien una marca personal o rasgo estilístico, algo que a menudo surge de forma inconsciente y acaba convirtiéndose en seña de identidad. En mi caso, la S se ha convertido en una especie de amuleto que conecta a todas mis protagonistas, como si pertenecieran al mismo universo emocional.
¿Y por qué lo hago?
La respuesta es sencilla y profunda a la vez: porque me gusta la musicalidad de la S y lo que transmite. Para mí, esta letra evoca suavidad, fuerza y un toque de misterio, cualidades que busco reflejar en cada protagonista. Además, me encanta la idea de que mis lectoras puedan identificar rápidamente mis novelas por un detalle tan pequeño pero único, como si cada historia fuera parte de una gran familia que se reconoce solo con pronunciar un nombre. ¡Como mi sello!
¿Otros autores lo hacen?
¡Sí, y es fascinante descubrirlo! Aunque no es una práctica común ni un recurso que aparezca en manuales de escritura, algunos autores —conscientes o no— han jugado con las iniciales de sus personajes como parte de su estilo o para generar conexiones secretas entre sus historias.
Por ejemplo, J.K. Rowling hizo algo parecido en Harry Potter con las iniciales “R.A.B.”, que se convirtieron en una pista clave para los lectores más atentos en el misterio de los Horrocruxes. Este tipo de detalles sutiles alimentan teorías de los fans y crean un sentido de complicidad con los lectores.
En la literatura clásica, autores como Charles Dickens tendían a elegir nombres con sonidos similares o repetitivos para remarcar rasgos de personalidad o pertenencia social, como en David Copperfield o Nicholas Nickleby. En estos casos, la sonoridad creaba un efecto casi musical que reforzaba la identidad del personaje.
En la fantasía épica, George R.R. Martin recurre con frecuencia a nombres que comparten raíces o fonética para subrayar relaciones de linaje, como los miembros de la familia Targaryen: Daenerys, Viserys, Rhaegar… Esta estrategia ayuda a crear coherencia en mundos con muchos personajes y familias.
También en la literatura romántica contemporánea, algunos autores prefieren nombres que suenan parecidos o comparten inicial para dar la sensación de que sus personajes podrían ser parte de un mismo universo, aunque sus historias no estén explícitamente conectadas. Esto ocurre, por ejemplo, en varias novelas de Nicholas Sparks, donde los nombres sencillos y dulces como Jamie, Savannah o Samantha evocan un tono común que se asocia con sus relatos.
En otros géneros, como el thriller, autores como Dan Brown han jugado con las iniciales para esconder significados o guiños simbólicos, como ocurre con Robert Langdon (R.L.), un nombre que no solo suena dinámico sino que encarna su carácter enigmático y culto.
En definitiva, aunque no existe un término específico para describir este recurso, usar iniciales similares o patrones en los nombres es un pequeño truco literario que puede servir como firma de autor, herramienta de ambientación o simple capricho que deja huella en la memoria del lector. Y como lectora, ¿no es emocionante descubrir estas pequeñas conexiones que te hacen sentir parte de un secreto compartido con el autor?
Otro rasgo estilístico de mis novelas: la coherencia en mis portadas
Además de la inicial de las protagonistas, hay otro detalle que define mis novelas y que muchas lectoras ya han identificado: todas mis portadas comparten la misma tipografía y una paleta de colores pastel. Desde el rosa palo hasta el lavanda o el verde salvia, los tonos suaves y la tipografía elegante crean una línea visual reconocible que transmite frescura, delicadeza y un estilo actual. Este cuidado en el diseño forma parte de mi marca como autora y refleja el mimo con el que construyo cada historia, para que la experiencia lectora empiece incluso antes de abrir el libro.
¿Hace marca?
Sin duda. Repetir una inicial crea coherencia y marca. Es un detalle pequeño, pero cuando un lector reconoce un patrón, lo asocia contigo. En mi caso, la “S” es como un hilo invisible que cose todas mis historias. Cada vez que presento a una nueva protagonista con “S”, siento que le doy la bienvenida a mi mundo narrativo.
¿Y tú? ¿Te habías fijado en esta curiosidad de mis novelas? Me encantará saber qué te transmiten estos nombres y cuál de mis protagonistas con “S” ha conquistado tu corazón. ¡Te leo en los comentarios!
